sábado, 19 de mayo de 2012


Liberales, pero jamás terroristas.
Por: Nelson Hurtado O.



Me enseñó mi primer mentor político, que: “para ser político en Colombia, había que tener estómago de gallinazo” y que como en la canción, en “política no se puede decir todo lo que se piensa, ni se piensa todo lo que se dice”.


Evidentemente soy de otra generación, pertenezco a aquellas generaciones de colombianos perdidas, por la carencia de una carta de recomendación para un empleo público, cuando el Estado era el mayor empleador o para el ingreso a la Universidad pública o algunas privadas, cuando los cupos eran ocupados antes por las recomendaciones de gobernantes y dirigentes políticos, que por la valuación de aptitudes afines con la profesión a la que se aspiraba uno a formarse o por la carencia de una beca o subsidio desde fondos educativos que constituían las entidades territoriales o por la imposibilidad de acceder al “icetex”, ante la imposibilidad de conseguir un fiador y ante la carencia de capacidad pago del educando y de su familia.


Ni como colombianos, ni como ciudadanos, ni como liberales tuvimos universidad pública y nos tocó universidad privada, sin carro particular y nos tocó combinar la jornada académica con la pesada jornada de trabajo, sin contar que para entonces no tuvimos ley que nos protegiera del acoso laboral, planteado por el burócrata de turno, escaso bachiller, en términos de “estudia o trabaja”. Los créditos bancarios y las tarjetas de crédito gracias a Dios nunca estuvieron a nuestro alcance; la Anticuaria de Ayacucho, la biblioteca pública piloto, aún no habían sido suplantadas por el “rincón del vago”, ni por los escribidores de resúmenes y tesis de grado; el Quijote de la Mancha, la Carta de Jamaica del Libertador, la poesía de Silva, ni la de Olga Elena Mattei, habían sido sepultadas por el éxito editorial de las “medias veladas de virginia” o el best seller “cómo hacerse rico sin el menor esfuerzo y sin trabajar”. Esos fuimos y somos los liberales, sin contar que sufrimos más la persecución de los propios, a lo que sirvió en no pocas veces el aprecio sincero de algún buen prójimo godo, de quienes decían los abuelos que “no había trago malo, ni godo bueno”, pero que era eso, sólo un decir. No tuvimos tiquete estudiantil y no nos libramos del servicio militar, ni nos pagaban por votar.


Por eso echamos callo y nos construimos como liberales y como verdaderos ciudadanos, algunas porquerías jamás estuvieron en el proceso de libre desarrollo de nuestras personalidades, eso sí, cuando íbamos de campaña a los pueblos, desayúnabamos con candela, con el infaltable aguardiente antioqueño, del cual decía mi abuelo que mataba las lombrices y agradecido exclamaba se “acaba de orinar un ángel en mi boca”, no sufríamos de agotamiento y no precisábamos de “energizantes” y para el cansancio cerebral solo valía el pinchazo de una abeja; no nos traumó la “muenda de correa” de papá por algún acto de indisciplina en la escuela, no tuvimos a favor la tutela y no sabía uno si era una tortura o un acto de bondad que cada año fuera al pueblo el odontólogo oficial y procediera a extraer la muela, carecimos los liberales de las generaciones perdidas de la “elegante ferretería dental”, el Niño Dios, no nos traía bicicletas y la o las primeras novias, las conquistábamos de puros putas que fuimos y con los bolsillos vaciados, pero tejíamos versos, llevábamos serenatas, enviábamos flores. Cedíamos el andén y el puesto en el bus, siempre reconocimos edad, dignidad y gobierno.


No obstante, como yo y de lo cual soy testigo, muchos jóvenes de mi época, vitales, inconformes, contestatarios, pero profundamente demócratas y si se quiere desde el catecismo del padre Astete, aprendimos y aprehendimos y vivimos y luchamos y  construimos en las veredas perdidas en los lomos altos de las montañas o en las profundas cañadas de la Patria: comunidad, bien común, civilidad, solidaridad, mucho antes de que tuviera que ser mandato constitucional. Íbamos para entonces a pie y en la más afortunada ocasión en bestias “cargaleña”, hasta que como liberales solo nos quedó callo en el culo!


Y nos formamos no solo como liberales, amantes de la libertad, sino como seremos humanos, que así fuésemos creativos para la “ofensa” bajo el calor de una campaña electoral, hábiles para caricaturizar, nunca, nunca optamos por la fuerza para demoler al contradictor político, porque además, el Maestro de la escuela, nos había formado en la civilidad, en el temor a Dios y en el respeto a nuestros semejantes, desde el principal reconocimiento de que también éramos imperfectos y que la verdad es inasible y que la diferencia era justamente el motor del progreso de la civilización humana. Nuestras batallas eran para entonces argumentativas y eso que carecíamos del flujo de información de que disponen las actuales generaciones. Emocionante escuchar a “merejo” en sus “ofensas” contra los liberales, citar pasajes enteros del Fausto de Goethe o descendernos a los mismísimos infiernos con Dante Alighieri o impávido sentenciar que en el recinto del concejo se “encuentra reunida la fauna….”(menciona un pueblo) y todo seguía normal, a la semana siguiente nos acompañaba o se pegaba a la comisión de plañideras que como un éxito total, había conseguido una cita en la capital, para hablar con el gobernador de turno o el senador, representante o diputado de moda y mucho mayor era el éxito cuando se conseguía el nombramiento de una maestra para la escuela de lejana vereda, el nombramiento de un médico, el auxilio para la construcción de un acueducto veredal, de una escuela, de un puesto de salud y mayor la emoción cuando se inauguraban y asistía con calle de honor y todo el gobernador o el Ministro a inaugurar el hospital nuevo o la carretera veredal.


En mi caso, que es el de muchos jóvenes de las generaciones que perdió la República, nos formamos unos bajo la malicia indígena y el olfato político de un grande como Bernardo Guerra y otros nos formamos en la escuela de un William Jaramillo Gómez, contestatario, vehemente, pero ante todo profundamente humanista, civilista, demócrata, malgeniado, pero por sobre todo Ciudadano respetuoso de la Ley, las Instituciones y las Autoridades de la Patria; al lado de él, hombres públicos tan decentes, que decíamos que eran unas damas, como Evelio Ramírez Martínez, Don Gabriel Fernández Santamaría, Benedicto Uribe, Luis Guillermo Vélez Trujillo y otra extensa lista de jóvenes promisorios, reserva del Partido, reserva de la democracia, pero ante todo reservas de Patria y civilidad.


Todo ha quedado atrás! Hoy, no le pertenecemos al Partido, ni éste nos pertenece y muy a pesar de la presencia de jóvenes en su dirección, el partido liberal, en lo que queda, sigue manteniendo una organización de “cúspides”, pero no de bases; el partido liberal a través de su discurso, ajeno a su filosofía y a su ideario, no contribuye a formar comunidad democrática, el partido liberal por más convenciones que haga, a las que he asistido por derecho propio según sus estatutos, sigue haciendo “convenciones con VOZ, pero sin VOTO”, en tanto luego de kilométricos discursos se termina por otorgar “plenas facultades”, por antidemocráticos “aplausos cerrados”, que más parecen ovaciones a toreros. Si sentimos orgullo en algún momento de disentir del Dr. Guerra y de saborear el placer de fundar disidencias dentro del partido liberal y de obtener mayorías en nuestros concejos de apartados municipios, era la resignificación de que el cambio podía venir de manera civilizada y era un orgullo, pues sentíamos que el derecho a disentir y si se quiere al libre examen, encontraban realización práctica. En esa perspectiva, años más tarde, vimos en Alvaro Uribe Vélez, el más claro prospecto de renovación liberal y allí estuvimos, hasta que eligió rumbos distintos a los del Partido Liberal, entendibles por su sagacidad política, pues con alta probabilidad, el Partido Liberal,(su estructura directiva) jamás le habría permitido ni siquiera ser ungido como candidato a la Presidencia de la República.


Y a la par que la nueva institucionalidad de la Patria se organizaba desde la base hacia la cúspide, con la elección popular de alcaldes, el partido liberal mantuvo su organización contraria, de arriba hacia abajo, de  órdenes y mandatos y mandados, mientras cada municipio se amontonaba en amorfas organizaciones locales de tipo “cívico”, que quizás curaron el priurito de los paros cívicos y las virulentas demandas que se hacían a los poderes centrales, con las transferencias de competencias y de algunos recursos a la entidad municipal, pero sobre todo, con la traslación a cada comunidad local de la más grave y pesada responsabilidad: Ser auto generadores de su propio progreso, de su propio desarrollo. Y volaron a la m…las jefaturas del partido, departamentales y municipales y los diputados, representantes a la Cámara y Senadores, ya no se les invitaba, tuvieron que empezar a buscar ser recibidos en las comunidades locales, las reglas del juego eran otras y la lucha por los SUFRAGIOS al mejor estilo de Beccaria, se volvió cosa de solucionar con dinero. Ya no fue nunca más la Patria, el Partido, las Instituciones, las dignidades, la civilidad, el bien común, la democracia, las que guiaron ni la formación, ni el ejercicio del gobierno. Escuché aspirantes al Congreso, mendicando un sufragio, en aras de ser elegidos, para completar el tiempo para la jubilación, qué desvergüenza! Pero ese fue el principio, de lo que ahora tenemos: la imposición de las “agendas privadas”, sobre las “agendas públicas”, en el estribillo de: “desde nuestros principios, nuestras convicciones,  nuestros deberes, nuestros sueños, nuestras visiones…bla, bla, bla”, en lo que como lo he dicho desde hace muchos años atrás, anida una especie de subversión igual o más dañina y más perversa que la armada que ejercen las FARC, a mansalva y con sus cilindros bomba y que no es otra que la CORRUPCION rampante que nos agobia. Y es que la corrupción, no solo es apoderamiento ilegítimo e ilícito de los bienes públicos, corrupción es la captura de las funciones públicas, de las decisiones públicas, corrupción es proferir decisiones administrativas contrarias al ordenamiento jurídico y de favorecimiento a individuos o grupos y en todo caso, decisiones que NO REALIZAN el BIEN COMUN o la UTILIDAD PÚBLICA o el INTERÉS SOCIAL.


Desde la anterior remembranza y desde el “Réquiem por los partidos”, que visionariamente escribió en EL TIEMPO y mucho antes de tiempo, el Dr. Alfonso López M.; desde las escuelitas que ayudamos a construir en las lejanas veredas a las que llegábamos para enseñar el CREDO del PARTIDO, de la PATRIA, de la CIVILIDAD, de la DEMOCRACIA, pero sobre todo por el reencuentro de nuestros conciudadanos y compatriotas más desconocidos, es por lo que debo decirle con todo respeto al señor Campuzano, concejal de Medellín, que SOY LIBERAL y CIUDADANO,CIVILISTA, DEMOCRATA, doblemente SOLIDARIO, desde el principio jurídico y desde mi fe cristiana, si se quiere semejante a los liberales de Rionegro, como decíamos y que ni yo, ni ninguno de quienes conozco como liberales, pertenecientes a esas generaciones perdidas, más precisamente como lo he dicho, generaciones del estado de sitio, que vivimos la política además como arte de servir, no de ser servidos y como un claro y diario ejercicio de la inteligencia, como racionalidad, que NO FUIMOS, NI SOMOS unos TERRORISTAS. Tal vez su afirmación es, justa y exactamente, la dimensión de la seudo-política, de la inexistencia de PARTIDOS POLITICOS, inmanentes a la democracia, que es vacío e incoherencia en el que solo pueden existir sus practicantes, por una razón simple: la PRENSA, la RADIO, la TELEVISION, el INTERNET y sus redes “sociales” y desde el escritorio, NO FORMAN CALLO, que es como el pre grado de CIUDADANO, BUEN PROJIMO, DEMOCRATA, BIEN COMUN, existencia en coexistencia y no mera existencia de individuos-solitarios y además virtuales. La comunidad es eso: EXISTENCIA en COEXISTENCIA y no imagenología, que en materia de políticos, ni siquiera nos brinda las bondades de los rayos x.


Sobran las razones para quizás decir que tenemos CANSANCIO DE CIUDADANOS, de LIBERALES, más no, porque mantenemos la fe viva y la esperanza de una Patria más justa y amable, especialmente para las nuevas generaciones.


No soy quien para darle consejos, pero si soy un hombre de bien, ciudadano, LIBERAL, para exigirle respeto y sobre todo mesura, ponderación, sindéresis, coherencia, pues creo que esos arrebatos, serían muy comprensibles en un joven que recién estrena ciudadanía, pero no en Usted, como concejal y egresado de una prestigiosa UNIVERSITAS, que le cubrió con los delicados bálsamos del conocimiento, únicos para sanar las pestilencias del espíritu humano que hoy nos abruman.










domingo, 29 de abril de 2012


¡El P.O.T. o la ley domesticada!
Por: Nelson Hurtado Obando



Tan grave como la inseguridad personal y comunitaria, es la inseguridad jurídica y el quebranto de la legítima confianza y quizás más trascendentes y dañinas, cuando provienen de las propias autoridades públicas.


En la constitución de 1991, se consagró para Colombia, la forma de Estado Social de Derecho, en el cual se articulan sus elementos fundantes: territorio, población y poder.

En relación con su territorio, el artículo 58 de la Constitución, garantizó la propiedad privada y los demás derechos adquiridos conforme a las leyes civiles, precisando que ninguna ley posterior podría desconocerlos. Este mismo artículo, introdujo el concepto de que la propiedad privada es una función social, que además tiene una función ecológica y destacó que el interés privado debe ceder ante el interés público o social, que no habrá confiscación y que la expropiación solo procede por CAUSAS o MOTIVOS de UTILIDAD PUBLICA o INTERES SOCIAL, cuando el FIN sea la realización de la utilidad pública o el interés social. Son pues, la utilidad pública o el interés social, causas y fines en sí, de lo cual no queda duda al estudiar las actas de las comisiones y subcomisiones de la Asamblea Nacional Constituyente. Pero además, el artículo 82 de la Constitución, estableció el mandato imperativo de “…velar por la integridad del espacio público…y la utilización del suelo y del espacio aéreo urbano en defensa del interés común”.


No obstante, la concepción filosófica, política y jurídica de nuestro Estado Social de Derecho, democrático, participativo y pluralista, podríamos decir que está herido de muerte, por dos fenómenos macros, que son la globalización y el neoliberalismo. Por la globalización se persigue la estandarización del mercado, la creación y desarrollo de la sociedad global, interdependiente e interactuante y la unidad de la cultura, mediante la inserción de valores globales, transformaciones todas, soportadas a través de las llamadas Tic´s –Tecnologías de la información y la comunicación-. Por el neoliberalismo, se impone que sea lo que unos han llamado la “sabiduría del mercado”, la que autogenere los ajustes requeridos en la economía global, capoteada desde la eficiencia y la competitividad de los mercados, lo que finalmente se ha traducido en la internacionalización de los flujos de capital y que finalmente se concreta en la disminución del tamaño de los Estados y de manera toral, en la desregulación y no intervención en las economías, -nacionales-, desde el postulado que reclama que el Estado debe dejar de hacer y cumplir aquellos roles, o prestar aquellos servicios que históricamente ha hecho, cumplido o prestado de manera ineficiente, para que sean hechos, cumplidos o prestados por los particulares, en las condiciones del mercado, con mayor eficiencia y competitividad, como única manera de que cada país, se incorpore a la economía global, con miras a que retrocedan el hambre, la pobreza, la miseria y la exclusión social, permitiendo que por cada Estado se irrigue el capital transnacional, en condiciones estandarizadas de política global, lo que necesariamente implica condiciones de estandarización jurídica, que en Colombia, además encuentra materialidad en las llamadas garantías de estabilidad jurídica, ofrecidas a los inversionistas extranjeros, complementadas además con las reformas al aparato de administración de justicia, el cual dejó de ser una función del Estado, para pasar a ser definido como un servicio público esencial.


El neoliberalismo, más que la globalización, permeó todos los Estados del mundo y ha significado en el caso colombiano, la paulatina pérdida de entidad e institucionalidad del Estado Social de Derecho, generando de paso, corrupción rampante y una profunda crisis de gobernabilidad.


En el anterior contexto y siguiendo el camino iniciado con la ley 9 de 1989, la constitución política de 1991 y a partir de lo establecido en sus artículos 58, 79, 82, 259, 342, permitió la expedición de importantes leyes, ordinarias, estatutarias y orgánicas, entre ellas la ley 152 de 1994 y de manera puntual la ley 388 de 1997, conocida como de Reforma Urbana.


La ley 388 de 1997, obligó a la entidad territorial municipal, a adoptar su P.O.T. -Planes de Ordenamiento Territorial-, asignándole a la gestión, planeación y administración del territorio, a su ordenamiento y especialmente del suelo  municipal, el carácter de función pública.


Pero expedida la ley 388, su aplicación práctica, su cumplimiento e implementación en cada municipio, a través de los P.O.T. fue confiada en la mayoría de los casos a equipos interdisciplinarios formados por constructores, ingenieros, arquitectos, empresarios, industriales, economistas, estadígrafos y así fueron aprobados y adoptados mediante Acuerdos de los respectivos concejos municipales, cuyos miembros en muchos casos carecen de toda formación académica suficiente para la comprensión de tan delicadas materias o que a pesar incluso de sus formaciones profesionales, no lo son en las áreas, que fundamentalmente regulan los P.O.T., pero, se APROBARON.

Y la ley 388 de 1997, a través de la cual se pretendía regular los usos del SUELO URBANO y del ESPACIO AÉREO URBANO, fue traducida a los P.O.T., desde las meras consideraciones técnicas y más puntualmente desde la anticipación de su evaluación económica. En las discusiones de los proyectos de P.O.T., en los concejos municipales, en primera fila estuvieron los gremios que agrupan a constructores e inversionistas, la flor y nata de la industria de la construcción: Lonjas de Propiedad Raíz, Camacol, Banca Financiera, Seguros etc.


La ley 388 de 1997, fue expedida por el Congreso de Colombia, influida por la legislación española sobre la materia.


El artículo 58 de la Constitución Política de 1991, también con influjo español, a la comprensión de un técnico, de los que hoy llamo: ingeniero-jurídico, panadero-jurídico, taxista-jurídico, contador-jurídico y el colmo: técnico-abogado,  dirían que es sumamente claro, diáfano, de fácil comprensión, a lo cual bastaría una lectura, en tanto el espíritu y el sentido del legislador, es natural, obvio y no requiere de la construcción de ningún contexto, para su interpretación y aplicación. Dirían por ejemplo: “Obvio que el interés particular, tiene que retroceder ante el interés general; quién no entiende lo que es la utilidad pública o el interés social, si son ostensibles.”, así más o menos fueron diseñados, confeccionados y adoptados los P.O.T., por los distintos municipios colombianos, a tal punto que sobre dicha materia, los más sabihondos, los más profundos conocedores de su mecánica, los hombres de mayor información al respecto, son personas que poseen solo formación técnica, conocidos como hombres poseedores de “información experta”, común y silvestremente llamados, eufemísticamente “expertos”.


Diría que la Ley 388 de 1997, como con los potrillos, hijos de caballos de paso fino, fue sometida a la doma experta, a la domesticación, a la mansedumbre.


Seguro que en la implementación de los P.O.T., concurrieron técnicos-abogados, o técnicos-jurídicos; pero y además y por razones de conveniencia, no creo que hayan concurrido abogados-juristas, en tanto para estos, “el derecho está allende las normas”, como lo sostiene un jus filósofo amigo, lo que habría producido singulares consecuencias.


Jamás, en la corriente del llamado Derecho Urbano, en los distintos foros a que he asistido y a la lecturas, consultas e investigaciones efectuadas, he podido encontrar, que desde sus “especialidades” y su idoneidad de “expertos”, un teórico, uno tan siquiera, haya intentado precisar, dotar de contenido, los conceptos “utilidad pública “ o “interés social”, “bien común”, desde referentes objetivos, como tampoco lo hicieron el constituyente, ni el legislador colombianos, ni el referente español.


No obstante, en otros escenarios, los de la llamada “democracia participativa”, de la “participación ciudadana”, “foros zonales”, en las reuniones de algún político en campaña y en los discursos de posesión de algún gobernante territorial, escuchamos la repetición de esos binomios de palabras, como un verdadero abracadabra.


Y en verdad, no eran menos, ni eran para menos!

Las oraciones utilidad pública o interés social, en boca de cualquier ciudadano y en boca de cualquier “experto” y en boca de cualquier político y en boca de cualquier gobernante, son mágicas, son un verdadero abracadabra, en tanto cada quien abriga la esperanza, de que se produzca el milagro y que detrás de la utilidad pública o el interés social, su situación individual, personal, particular, su condición de no libertad desde su necesidad o desde su temor, encuentre resolución; en otros términos, cada quien aspira en alguna medida, a que la utilidad pública o el interés social, se concreten o materialicen en algún beneficio personal y de hecho algunos lo obtienen.


Los conceptos utilidad pública o interés social, aunque indefinidos, tienen que ser llenados con razones, fundamentos, causas, motivos de entidad objetiva y no por la mera subjetividad o arbitrariedad del agente administrativo público; así fácil es concluir que en las ciudades, la construcción o ampliación de vías, no son per se, ni CAUSAS, ni FINES, en sí, de utilidad pública o interés social.


En Medellín, se ha anunciado la revisión del P.O.T., Acuerdo 62 de 1999, ajustado por Acuerdo 46 de 2006, en la administración de Sergio Fajardo, espera la ciudad que dicho instrumento cumpla las expectativas de la utilidad pública o el interés social, o el bien común, sobre todo desde los principios de la seguridad jurídica, la legítima confianza y no disminuyendo, exonerando o compensando las obligaciones urbanísticas que frente a la sociedad tienen los dueños del suelo urbano y los constructores, y desde la comprensión que el P.O.T., como lo ordenan la Constitución y la Ley y los Tratados Internacionales, está precedido por los componentes de la dignidad humana, la seguridad humana y el desarrollo sustentable.


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PS. No se visualiza dónde encontrará el Dr. Juan Manuel Santos, suelo urbano de renta marginal, menor a $200.000.00, el metro cuadrado, para la construcción de 100 mil viviendas.

domingo, 22 de abril de 2012



                   El Puente de la 4 Sur
                      Por: Nelson Hurtado Obando


El pasado viernes 20 de abril de 2012, se inauguró el llamado Puente de la 4 Sur, por parte del alcalde de la ciudad, Dr. Aníbal Gaviria Correa.

Desde el punto de vista visual, estético, arquitectónico, hay que decirlo, es una obra bella, bonita, hermosa, robusta, crea la percepción de agradabilidad visual, lo que además debe satisfacer a los arquitectos y ambientalistas expertos, más preocupados de la decoración y de la imagen, en el contexto del llamado amoblamiento urbano.

De igual manera, la obra es la reconfirmación, de la sabida gran capacidad de la ingeniería colombiana, especialmente de la antioqueña, hoy simbolizada en la empresa CONCONCRETO, que de paso nos alegra en tanto la construcción de esta obra, le haya permitido salir de sus aprietos económicos y legales.


¡Hay belleza externa en el Puente de la 4Sur, innegable!

Sobre las otras dimensiones de la obra: técnicas y jurídico-legales, las que no ven los ojos comunes y corrientes, las que son su parte fea,  ya están en manos de Jueces y Magistrados, como corresponde. Por eso preocupa la advertencia del ex alcalde Salazar, de que habrán cuellos de botella porque aún faltan obras complementarias y como lo hemos dicho, en ello vemos que se prepara la motosierra contra el BOSQUECILLO existente entre OVIEDO y CARULLA, ojalá estemos equivocados.