DEMOCRACIA «INTERARTEFACTUANTE»
Por: Nelson Hurtado O.
¿Iremos
en «cadena de galeotes», desterrados a servir en vuestras galeras?
Quizás
sea este el destino que nos aguarda tras el anunciado, como definitivo y
torticero triunfo de la masa domesticada. Duele ver cómo las togas, llamadas a
ser el dique de contención contra el populismo autoritario, se transforman
—megáfono en mano en las tribunas de las redes sociales— en los hombres del
rey, a quienes para ejercer como «ministros de Justicia y Propaganda»
solo les falta el decreto de nombramiento.
El
derecho ha dejado de ser el lenguaje de la razón para convertirse en la
partitura que musicaliza el capricho del soberano de turno.
La
proclama hereje no puede ser otra: «la ética nada tiene que ver con el
derecho». Y para que el agravio duela más, acosa a la memoria de la
civilización el recuerdo de un Ortega y Gasset que logró desarmar al «hombre-masa»;
lo que no había logrado el más hábil cirujano legista, la sabiduría del
universo se lo confió al filósofo.
El
filósofo español advertía que el peligro de su época era ese tono bravucón,
burdo, que desprecia las formas refinadas del debate institucional y prefiere
el lenguaje del "colmillo" y el ataque directo, es precisamente la
masa imponiendo su código.
Ortega
describía a este sujeto como alguien que encuentra un mundo institucional ya
construido, se beneficia de él, pero se comporta como un heredero ingrato. Cree
que las garantías jurídicas y constitucionales brotan de la tierra como los
árboles, ignorando el esfuerzo civilizatorio que costó edificarlas. Por eso no
tiene reparos en proponer su destrucción con tal de saciar su desespero o su
ambición.
El
hombre-masa se siente soberano, no reconoce ninguna autoridad intelectual o
moral por encima de sí mismo. Cuando un proyecto político se edifica sobre esa
base, el linchamiento de la inteligencia, de la academia y de la jurisprudencia
se convierte en la norma. Se glorifica lo visceral sobre lo reflexivo.
Ver
la política actual a través de este prisma permite entender que no estamos ante
un fenómeno aislado o meramente local, sino ante la eterna tensión entre la civilización
(que exige contención, normas, formas y respeto a la ley) y la barbarie de
nuevo cuño (que avanza atropellando la institucionalidad al amparo de las
masas que aplauden el rugido de la fiera.
Al
punto solo la imbecilidad colectiva puede explicar que un sujeto como de la
Espriella pueda terminar siendo elegido presidente cuando le ha gritado en la
cara a cada colombiano que: «¿Vale la pena sacrificar una familia tan
linda como la que tengo yo? ¿Un matrimonio como el que yo tengo? ¿Una vida tan
maravillosa y feliz como la que tengo? ¿Por un país como este que no agradece
nada? No, mi familia está primero. Yo no voy a sacrificar a mi familia por este
país de desagradecidos, desleales y cafres. No lo voy a hacer».
¡Somos cínicos!
Son
menos de dos (2) minutos para ver y escuchar estos dos videos, sirven para
volver a «ocuparnos de nosotros mismos» a llenarnos de lo que se nos ha
vaciado: de la dignidad, la libertad, el discernimiento sin el cual no es
posible el juicio recto, ni la democracia.
El
sujeto de la Espriella, https://n9.cl/x5pj0,
dice: "No
voy a salir a sacrificar a mi familia por este país de desagradecidos,
desleales y cafres";
con la sola palabra «CAFRE» ha escupido en la cara de cada colombiano
las siguientes ofensas: bárbaro, bestia, animal1, bruto, cruel, atroz,
rudo, brusco1, grosero, salvaje, pueblerino, palurdo, grosero, tosco, basto2,
burdo, ordinario, chabacano, vulgar1, rudo, patán, maleducado, malmodiento,
instintivo, ignorante y grosera y SUPONEMOS que también:
hijos de puta a los que agradece la IMBECILIDAD.
Cuando
los guardianes de las garantías procesales prefieren el aplauso de la plaza
pública a la severidad del código, la ley se despoja de su función ética y
queda reducida a un garrote táctico.
Nos
resistimos a aceptar que la disidencia o el simple espanto ante la barbarie
verbal sean tipificados como herejías ciudadanas. Si el precio de la libertad
es el destierro moral al que nos quieren someter, que sepa desde ahora todo el funcionariato
del régimen que llegue a instaurarse que no guardaremos el silencio cómplice
que vuestros cargos exijan.
No
deja de ser una trágica paradoja que quienes se autodenominan defensores de las
libertades corran a justificar la fiera metáfora del colapso ajeno. El uso del
tigre no es una muestra de poder; es el síntoma inequívoco del miedo, la
impostura del débil que necesita el rugido del aparato estatal para acallar sus
propios demonios identitarios.
El poder
totalitario siempre intenta proyectar una imagen de fuerza monolítica, sagrada
y temible (el felino, el Leviatán), el rugido no es fuerza, es pánico. Quien
aspirando a detentar el poder [no tanto a gobernar] recurre a “ser” lo que se
percibe: «Therian» como un «tigre» —repitiendo con tosquedad: "vas a ver lo duro que muerde
el tigre" — no puede
olvidar que su asesor, el mismo Agustín Laje, identifica a los therian en el
marco de lo «woke» como "transespecie", como una subcultura
aspiracional como cenit de la «ideología de género" y en todo caso una
auténtica concreción del progresismo, en la promesa de hacer de Colombia dizque
“la patria milagro” que no deja duda de la identidad redentorista o mesiánica
del therian candidato.
El mesianismo es
el rasgo distintivo de los autoritarismos de cualquier espectro político.
Cuando un proyecto político se cimenta en la estética del "macho
alfa", el lujo, la infalibilidad personal y la espectacularidad mediática
—esa locuacidad pirotécnica que tanto hemos criticado—, las instituciones
democráticas empiezan a verse como estorbos. El relato subyacente es: "El
sistema no funciona, los jueces no operan, se necesita un carácter
fuerte como el mío para imponer el orden".
Si desde
candidato lanza contra toda la delincuencia sus proclamas de: «X te voy a
meter a la cárcel» y las de «Los voy a dar de baja» o la de «sometido
o abatido» y las de «los derrotaré con la razón o la fuerza de las
armas» y hasta cerrar con la consigna metódica de que la delincuencia «recibirá TODO EL PESO DEL
GOBIERNO» [ya no el peso de la ley] no deja duda ninguna que
estamos enfrentados a un candidato que es un proyecto de «dictador en ciernes».
Así, hemos
pensado que al Dr. José Manuel Restrepo Abondano a quien en principio
consideramos fórmula vicepresidencial de Miguel Uribe Turbay y que tras de su
muerte animamos a ser candidato presidencial, creemos que sólo pudo terminar de
fórmula vicepresidencial del «italiano candidato» o por «succión» de las que dicen son las
poderosas fuerzas «del vacío o de los agujeros negros» o por «abducción»
en «la nave» del candidato presidencial de la Espriella no tanto como
«extraterrestre» pero sí como «extracolombiano» pues este «país de desagradecidos,
desleales y cafres» y con comidas tan malucas que son «potaje de cárcel», pues COLOMBIA le
es un país «extraextrañamente extraño».
No nos queda
duda ninguna para afirmar con mucha más razón que esta elecciones
presidenciales contarán con muchísimos más sufragios de «ciudadanos artefactos»
que de ciudadanos medios que conserven algo de discernimiento.
Insoportable que
la intelectualidad colombiana celebre con su silencio las sonadas teorías del
locuaz como que «la polarización es esencial a la política» y que además en sus
videos y señalándonos con el dedo índice nos diga, como si fuera en la escuela
«nos vemos después que salgamos de clase», pero algo más grave: cuando sea
presidente y me critiques, o no estés de acuerdo con mis decretos, o tengas
ideas mejores, etc. No dude que «recibirás todo el peso del gobierno».
¿Cómo entonces la
conversión al credo católico?
Bajo ningún punto
de vista, tendría que traerse y tratarse de Dios en las contiendas electorales.
Sin embargo, es tal la profunda «perversión» del therian - tigre, que apela a
Él en su conversión de tal manera contradictoria que no se reconoce en su humanidad
“hecho a imagen y semejanza de Dios”, sino que en su “libre
arbitrariedad” opta por reconocerse hecho, no a imagen y semejanza, sino
verdadero tigre, con el plus de la unicidad de la fuerza, la garra y el
colmillo, suficientes para defenestrar la tridivisión del poder.
El peligro, y el
miedo que surge del «dictador en ciernes» para el resto de los ciudadanos que
no tienen nada que temer es que bajo la férula de un gobierno de esta laya la
división como está planteada entre «amigo/enemigo» deriva a «de amigo A enemigo»
y para lo que basta que usted como ciudadano ejerza su derecho a disentir, a
discrepar, no estar de acuerdo, a forjar crítica, a pensar distinto y eso es
suficiente para que «reciba todo el peso del gobierno».
No hay duda de
que la arenga es clara: inauguración quizás de la «jurisdicción
presidencial».
Sin abogados no
hay jueces, sin jueces no hay República y sin República no hay dignidad,
libertad, justicia, ni democracia.
¿Cómo entonces la conversión al credo
católico? ¿Por qué la inteligencia media ciudadana no pilla lo que es una
contradicción vital frente a sí, frente a sus seres más queridos y frente a la
sociedad?
Colombia, incluso
en la violencia actual que padece halla vestigios de la llamada “época de la
violencia” en la que la iglesia católica desde muchos de sus púlpitos alentó a
través de sus sacerdotes la persecución abierta contra los liberales.
En la Encíclica Magnífica Humanitas, capítulo III, el papa León XIV, insiste citando al papa Francisco en que: “Así se manifiesta con mayor evidencia que la técnica no es un simple instrumento y que, cuando se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz”.
Creería que tarda el pronunciamiento de los «teólogos» de la Espriella y el Dr. José Manuel Restrepo Abondano, por las precisas referencias del papa León XIV en su Encíclica, a la juventud y a la tecnología especialmente a la «industria de videojuegos» disfrazada de «industrias culturales».
¿No sientes que esa "divinidad social" es la que hoy redacta los términos de ese contrato invisible que nos mantiene a todos mirando la pantalla?
Cristopher Olah, ha dicho: «Necesitamos críticos informados que
les digan a los laboratorios cuándo estamos fallando. Necesitamos voces morales
que los incentivos no puedan doblegar».
La masa domesticada perdona todo, incluso el absurdo. La
masa no busca la verdad; busca la victoria de su tribu.
Desde el absurdo vivencial de la masa domesticada el par
dual coherencia/incoherencia del líder es intrascendente de tal modo que, si se
afirma católico y al segundo siguiente amenaza con morder como un tigre,
el seguidor no ve una contradicción vital, ve un recurso táctico para derrotar
al “enemigo” al que le exacerba la identidad de ser común. La necesidad de
creer y de pertenecer es infinitamente superior a la necesidad de lógica.
Solo
cuando se pierde por completo la seguridad jurídica y el respeto por la
tridivisión del poder de Montesquieu, la sociedad vuelve a valorar el silencio
de las formas, el rigor de la ley y la necesidad de estadistas en lugar de
depredadores
No
hay duda de que, el sujeto que se pretende líder fuerte, telúrico y anti-establecimiento
deviene, de acuerdo con la taxonomía elaborada por la «contrarrevolución
cultural» [Laje y otros] como un auténtico sujeto woke que padece una
crisis existencial profunda; un individuo que, al no poder sostenerse en su
realidad humana y civilizada, huye hacia la autopercepción animal. El caudillo,
entonces, no es un guerrero; es un «transespecie» que usa el aparato público
como su espacio de validación psicológica.
La anunciada ferocidad animal para usar el poder [más que para ejercerlo]
para amenazar y menos para gobernar, surge de la pérdida de la autoridad moral,
de la capacidad de convencer y persuadir mediante la razón. El sujeto metido
entre el cuero del tigre lo que intenta es esconder el miedo a ser visto tal
cual es, de lograr ser elegido gobernante.
Pretende
la masa domesticada que la ciudadanía asista complaciente al espectáculo del
castigo y que callemos ante la transmutación de la justicia en propaganda. Pero
el horror es un derecho moral insuprimible.
No
nos vamos a diluir en el rebaño uniforme que aplaude la demolición de nuestras
certezas jurídicas. Si vuestra única respuesta ante el disenso es el látigo y
el remo de la intolerancia, es porque ya han renunciado a la palabra y solo les
queda la acción directa.
Como
ciudadanos y demócratas somos partidarios y defensores del estricto
discernimiento que, sobre la pena a imponer a los delincuentes, ha de hacer el
juez de la República sin que por parte alguna el proceso penal, puede tener
ribetes de vindicta o venganza.
Hemos
expresado nuestras disconformidades con la ideologización del derecho, alentada
desde el sur del continente por Zaffaroni y Gargarella, porque la «pena no es
una venganza», ni el derecho «es de la derecha» como para que haya de parirse
de discurso calenturiento el llamado «derecho de la izquierda» en tanto
nuestras sociedades se disuelven a los aullidos de «pobrecitos los penados»,
benevolencia con los «guerrilleros y con toda especie de delincuencia homicidas,
pedófilos, secuestradores, terroristas, violadores, traficantes de niños y de
drogas”.
En
buen sentir esa deriva y deformidad llamada «autoritarismo democrático» es la
medida del cansancio de la sociedad, con el Estado alcahuete invertido donde es
el ciudadano decente el que termina temiendo a la justicia y a las autoridades
mientras la delincuencia recibe los premios de: la impunidad, el vencimiento
de términos, la reducida pena y con rebaja, y la conservación casi íntegra del
patrimonio acumulado criminalmente y los privilegios y prebendas para el
delincuente de poder participar a manera de «paradigmas» ante la sociedad como «gestores», o pagar
sus penas nombrados cónsules o embajadores. ¿?
Antes
de ahora los medios dan cuenta de cómo eran de plausibles sus discursos e
intervenciones en favor de la paz, de hacer a los guerrilleros congresistas,
acuerdo de paz del que dice que asesoró jurídicamente, sus sí al matrimonio gay,
a la adopción de niños por parejas homosexuales; antes era ateo y ahora afirma
que se convirtió a católico y que es Dios es el que está al frente de su
campaña. ¿A cuál credo religioso se convirtió? ¿Cuál fe ha abrazado, compatible
con su condición transespecie animaluda de therian a imagen y semejanza del
tigre, no de Dios? Rueda otro video en
las redes donde el sujeto de marras afirma seguir siendo ateo y estar sólo
utilizando la religión como disfraz para captar los votos del pueblo creyente
colombiano.
Que
tenga o no tenga una familia muy bonita a los colombianos nos importa un
reverendo…y le recordamos que la suya no nos la va a introyectar como «modelo
de familia» cuando ni la Constitución ningún modelo establece.
En
estas condiciones de nuestras estructuras culturales creemos que el Estado a
través de la Constitución y las leyes y de la fuerza coactiva legítima, tiene
el deber de combatir todo tipo de delincuencia, venga de donde viniere y
someter y reducir a prisión a los delincuentes.
Así,
mientras gran parte de la imbecilidad colombiana permanece como «masa
domesticada» atada a las «cadenas de oración por el nuevo mesías» y haciendo la
«Novena a la Berenjena» que tantos votos femeninos le ha sumado [dicho por el
candidato], nosotros, «los alpargatócratas» proponemos por la patria como
candidata presidencial a la dama, PALOMA VALENCIA.
Si no es por ella, empiecen a pregonar:
¡ OJO al 2030.
CODA:
¡Tantos «tan penalistas» en este país de «de-votos» y sin avioneta!