viernes, 13 de diciembre de 2013


ELECCIONES POPULARES: ¿inmunidad e impunidad?

Por: Nelson Hurtado Obando.

 

Fui, en algún pueblo de Colombia, su último alcalde designado por el gobernador del departamento, mediante decreto, es decir me correspondió hacer el empalme, con el primer alcalde elegido por votación popular y directa, hacia mediados de 1988.

Me encontraba terminando mis estudios de Derecho y por mi inclinación por el derecho público, ya estaba trabajando la tesis, respecto de las llamadas Juntas Administradoras Locales (JAL), que unidas a la elección popular de alcaldes, se anunciaron con bombos y platillos, como un revolucionario proceso de descentralización.

No obstante, advertimos desde entonces, que si bien las juntas administradoras locales y la elección popular de alcaldes, empezaban a dar puntuales resultados, en tanto habían logrado confinar, los llamados “paros cívicos” y su no poca violencia en muchas ocasiones, de otro lado, no solo había confusión, sino impropiedad en llamar esos procesos, como descentralización política y administrativa y no nos equivocamos, pues a la par que se hacía desconcentración, delegación y radicación de nuevas funciones, competencias y facultades al orden municipal, procedía la complementaria transferencia de recursos y cesiones de rentas, tanto nacionales, como departamentales, en un principio sometidos a los vistos buenos, de las autoridades de planeación y con destinaciones específicas. Cierto también, que a los municipios se les rodeo de un esquema tributario, de rentas propias, que paulatinamente se trasladó a los habitantes de cada municipio, como creación e incrementos en los impuestos locales, las tasas y hasta de las contribuciones, todo enmarcado dentro del concepto de “esfuerzo fiscal”, para la financiación del desarrollo.

Si bien se atemperó la proliferación de “paros cívicos”, contra el centralismo y por causas tan diversas, como el nombramiento de un educador, el traslado o la destitución de un médico y hasta el cambio de párroco, se hizo evidente que las cargas y responsabilidades del buen gobierno local, de la gestión y administración de lo público, del progreso, el desarrollo y la mejor calidad de vida, en cada municipio, era desde ese momento responsabilidad de cada comunidad municipal, como si se les hubiera dicho, “allá ustedes si se equivocan en la elección del alcalde”.

En el esquema formal de la “democracia participativa” que se abría a las municipalidades colombianas, posteriormente, la Constitución de 1991, estableció otros mecanismos, como el voto programático, la  revocatoria del mandato, la planeación, el derecho a la ciudad, desde las leyes, 152 y 134 de 1994 y 388 de 1997.

Las primeras elecciones “populares” de alcaldes, que implicaban la reorganización del Estado, desde el municipio y hacia la cúspide, fueron aún, controladas por los partidos políticos tradicionales, desde su organización del centro a la periferia y que aún mantienen, sin que detectaran a tiempo, que en cada municipio, se abrían paso organizaciones, asociaciones, juntas, convenios, acuerdos, pactos, que tenían como finalidad hacerse al control del poder político municipal, bajo el ribete del civismo y que no desconocemos que en sus comienzos, en gran parte de los municipios de Colombia, pudo tener esa motivación.

Pero, de un tiempo para acá, han vuelto a aflorar las protestas populares municipales, con demandas de más autonomía, de un modelo de transferencias menos centralista, además de las motivaciones locales por la construcción de una escuela, el nombramiento de un profesor, de un médico, la construcción de una obra pública y las demandas de “más seguridad”, casi siempre focalizada a la seguridad personal, sin que a la par sean objeto de demandas ciudadanas, las seguridades: alimentaria, social, medio ambiental, política, seguridad jurídica, etc. Los pequeños poblados, como que han optado, por parecerse a las “grandes ciudades”, a las capitales.

Recientemente hemos sostenido, que por lo general, los candidatos a alcaldes, están violando y gravemente la Constitución y la ley, desde el mandato del voto programático; muy pocos candidatos registran un verdadero PROGRAMA de GOBIERNO, requisito que soslayan, con documentos de generalidades, de declaraciones de buena voluntad, con el mismo promeserismo, especialmente en materia de obras públicas, servicios públicos esenciales, vivienda, educación, salud, etc. Podemos demostrar, cómo hasta en ciudades capitales, muchos han resultado elegidos con un documento que podrá ser todo, menos un programa de gobierno.

Recientemente hemos sostenido, que en este contexto, el primer acto administrativo del alcalde posesionado, tiene serios perfiles de ser un prevaricato y un perjurio, (Juran defender y cumplir la Constitución y la ley). Nos referimos al llamado PLAN DE DESARROLLO, ordenado desde los artículos 339 y 342 de la Constitución y plenamente regulados en la ley 152 de 1994, en concordancia con las leyes 134 de 1994 y 388 de 1997.

Por lo que hemos vivido y sobre lo que se ha estudiado, en el contexto de la participación ciudadana democrática, en la gestión, administración y gobernanza local, esa llamada “participación democrática ciudadana”, ha degenerado en unos eventos denominados “socializaciones”, que han terminado siendo finalmente, el festival del “sánduche y la naranjada” y el festín de la res publicae.

Podemos demostrar, por casos puntuales estudiados y hoy a conocimiento de las autoridades judiciales, que muchos alcaldes posesionados, no cumplieron con registrar un verdadero programa de gobierno, al momento de inscribirse como candidatos y que una vez posesionados, elaboran un proyecto de PLAN DE DESARROLLO, que difiere tanto desde lo formal, como desde lo sustantivo del PROGRAMA de GOBIERNO. Pareciera que para los alcaldes, el plan de desarrollo, fuera el borrador de los mandatos constitucionales, sobre voto programático y la planeación del desarrollo local, pues actúan prevalidos por lo general, de la imposibilidad real de lograr la revocatoria del mandato. 

Desde estas circunstancias fácticas, aflora la corrupción en la administración pública y como lo he sostenido en diferentes eventos, la corrupción no es solamente apropiación, uso indebido o destinación distinta de bienes y recursos del erario; corrupción es la construcción de obras públicas inútiles, no previstas en los POT, no propuestas en el programa de gobierno y los actos administrativos expedidos con fundamento en “estudios de técnicos, de expertos, de estadígrafos, de contabilistas, etc.”, elaborados a “la medida y sobre pedido” y abiertamente contrarios a las realidades contextuales y lo más grave desde los complejos vacíos de los conceptos: bien común, interés general, utilidad pública o interés social, que no solo son usados como sinónimos, sino que se forjan en la correspondencia con la existencia de amorfas mayorías numéricas, cuantitativas, desde lo que se impone como norma general, la expropiación administrativa, que es excepcional, desde la Constitución y la ley, con todo el peligrosismo que ella representa para la propiedad privada y sus funciones sociales y ecológicas, a lo que se adosa, el establecimiento o incremento de impuestos, tasas y contribuciones, como la valorización, no propuestos en los PROGRAMAS de GOBIERNO y que terminan realmente siendo actos de gentrificación; la contratación de “nómina paralela”, para cumplir funciones esenciales, propias y permanentes de la función pública, violando los preceptos sobre cesantía, prestaciones sociales y seguridad social de los vinculados por “contrato de prestación de servicios o de ordenes de prestación de servicios”; la contratación pública de claro favorecimiento a adeptos de la causa política del alcalde, la suscripción de contratos o la expedición de actos administrativos, sin el lleno de los requisitos legales y los actos de favorecimiento o de policía administrativa a favor y/o en contra de ciudadanos o grupos. Por eso reitero, que la corrupción es una especie de subversión, tanto o más dañina que las de los grupos guerrilleros, con sus “burros-bomba”, porque aparte de birlar la seguridad jurídica y la confianza legítima que los ciudadanos han depositado en sus gobernantes, es subterránea y soterrada criminalidad de cuello blanco.

Finalmente, la elección “popular” de alcaldes, ha degenerado en un mero acto de poder, económico y político, de élites locales o regionales; la célula fundamental de la Nación, ha sido secuestrada por el mercado: eficiencia, competitividad, internacionalización; los municipios se acomodan desde su régimen legal y fiscal de “estímulo”, para posibilitar en sus territorios el asentamiento de empresas, industrias, comercios, servicios, etc., que prometen a cambio, pagar impuestos y sobre todo: generar empleo de calidad.

Así, los programas de gobierno, el plan de desarrollo y el POT, son como los insumos esenciales, de la gran rueda oficial pública, de negocios privados.

Más en la realidad, grupos y subgrupos económicos y aun particulares no empresarios, ni industriales, terminan arropando sobre todo la contratación pública y no pocos casos se han dado de contratistas, por ejemplo: empresas de transporte, constructores, de servicios de salud, etc., que terminan contratando hasta piñatas y jolgorios populares y cuando no lo hacen como contratistas, lo hacen como patrocinadores, auspiciadores o benefactores.

Es necesario reconocer que los elegidos “popularmente”, (alcaldes) podría decirse que desde la Constitución y la ley, gozan de un cierto aforamiento, si lo miramos desde la dualidad, voto programático - revocatoria del mandato, es como la inmunidad de que gozan, para que la arbitrariedad, el capricho o la subjetividad, sea que provengan del mismo grupo que lo ha elegido o de otros grupos, no den al traste, con el mandato “popular”.

Pero, sostener como se hace ahora, que los elegidos “popularmente”, presuntamente gozan, no solo de una cierta asimilable INMUNIDAD, sino también de IMPUNIDAD, si es ya la “gota que rebosa el vaso”.

De un ideal de comunidades municipales, democráticas, participativas, pluralistas, incluyentes, autoresponsables, autosostenibles, forjadores de su propia calidad de vida, se marca ahora el retroceso, en tanto en el municipio colombiano, se han revitalizado formas y prácticas híbridas del Estado de beneficencia, asistencialista y del dual o mixto, desde los cuales, se pretende mantener vigente, el “mandato popular”, de los alcaldes, aun en los casos de violación de la Constitución y la ley y por encima de ella. La res publicae, transformada en botín, al garete, en el mejor de los casos, de las “buenas intenciones, los deseos nobles y altruistas” o de la “subjetividad, el capricho o la arbitrariedad”, desde la “moral y los deberes particulares” y en ambos casos, por encima de los deberes funcionales, con gran olvido de que son SERVIDORES PÚBLICOS, responsables por acción, por omisión o por extralimitación en el ejercicio de sus competencias y no gerentes de unas fincas privadas.

Las formas y los procedimientos establecidos en el derecho público, para la gobernanza y administración del Estado, son GARANTÍAS establecidas para mantener incólumes los derechos civiles y políticos de los administrados, para librarlos de la subjetividad, el capricho y la arbitrariedad de los gobernantes. Hasta hoy estaba convencido que el viejo “The King can do not wrong”, había sido derrotado, hoy veo que solo hizo traslado de su sede, al tenor del artículo 3° de la Constitución de 1991.

Con sobrada razón, puedo repetir lo dicho en 1988, las JAL, (hoy apéndices de los directorios políticos) y la elección “popular” de alcaldes, fueron el germen de la desinstitucionalización y grave que hoy padece la Nación, desde la “base de la pirámide social”, que transformó al ciudadano, en mero consumidor.

La “elección popular” de alcaldes, más parece que fuera ese estadio político, que conocemos como: “el cuarto de hora”, de algunos aureolados y en olor de santidad, en medio de la multitud de sus DE-VOTOS.

Dudo que en los últimos 12 años, municipio alguno haya “elegido”, su “alcalde popular”. A lo anterior se agrega, la sugestiva “cooptación”, que también y no pocos gobernadores han hecho de los mandatarios locales. A nivel territorial, se percibe con mayor intensidad, la existencia de una forma híbrida del perverso “delfinazgo”. Esto no es realidad virtual.

La disputa sobre la legitimidad y la vigencia del ordenamiento jurídico, planteada entre altos servidores públicos del Estado, con micrófonos abiertos y ante cámaras de televisión, no es un buen síntoma para una Nación que se ha preciado de la solidez de su democracia y del respeto por su ordenamiento jurídico y sus instituciones. Quizás muchos ahora entiendan, que el problema mayor del mundo actual, no es la “seguridad”, sino la inseguridad y no solamente como inseguridad personal. Hay otras inseguridades que pueden arrasar a una Nación entera y no propiamente proveniente de fenómenos o catástrofes naturales.

Si algo queda claro, es que la democracia participativa, no puede fundarse sobre las deleznables bases de la ignorancia, la incultura política y la incivilidad del “soberano” colombiano.


Tuiter: @abogadohurtado

domingo, 8 de diciembre de 2013


¡Cárcel pa´los legisladores borrachos!

Por: Nelson Hurtado Obando.

 

Con un amigo repito, que si de demócratas vamos a hablar, el más grande demócrata en toda la historia de la humanidad, fue, ha sido y seguirá siendo: PONCIO PILATOS. Simple. PILATOS convocó al pueblo a asamblea y dejó en manos del pueblo, dictar la SENTENCIA. -PILATOS, solo preguntó al pueblo: ¿A quién queréis? – y el PUEBLO decidió: ¡A JESÚS!- Era el Estado de opinión, democrático, pluralista, participativo, incluyente.
 
Grandes medios de TV, prensa, radio, internet, etc., se rasgaron las vestiduras porque el congreso de Colombia, “peluquió” el famoso proyecto de ley, conocido como de “cárcel para los choferes borrachos”
 
Y es que esa trasquilada legislativa, aunque era previsible, no lo era tanto desde lo probable, como sí desde lo posible. Por fortuna, el Congreso echó tijera.
 
En los últimos cuatro años, han ocurrido en Colombia, numerosos hechos o incidentes viales, (porque realmente no existen accidentes de tránsito), en los cuales se provocan a los seres humanos, lesiones y muertes, desgraciadas, costosísimas desde el bioderecho, la coexistencia, la paz, la justicia y también desde la economía; hechos o incidentes viales, en los que mínimamente uno de los actores, se encontraba bajo los efectos de la ingesta de bebidas alcohólicas o de otras porquerías, conocidas en términos generales como sustancias o drogas sicotrópicas, narcóticas, alucinógenas, etc.
 
De todos las lesiones o muertes ocurridas en estos repudiables hechos o incidentes viales, solo unos cuantos han logrado trascender a los medios: televisión, prensa, radio, internet y en lo que me consta, en ellos uno MIRA, que han llegado allí, a través de una representante a la cámara, que casi in situ del hecho, como que transmite en vivo y en directo y arenga y amenaza y criminaliza y cuelga carteles de “peligroso para la comunidad” y anuncia proyectos de ley y dicta sentencias, con privación efectiva de la libertad, intramural y no excarcelable.
 
YO NO DEFIENDO CONDUCTORES BORRACHOS, lo he dicho en todos los eventos académicos, en la televisión, la prensa y la radio, en programas en que he interactuado, incluso con las autoridades de tránsito y lo reitero ahora.
 
Pero como ser humano, como ciudadano y como abogado, me es imposible manifestarme en favor de un proyecto de ley, que ha tenido varias intentonas de colarse, en el ordenamiento jurídico penal colombiano, con más daño que beneficio.
 
Que lo haya propuesto el mismo ROY, con algunas variables y la misma finalidad, hasta uno lo entiende; qué no podrá proponer Roy. Pero que el mismo proyecto de ley, sea el mismo tantas veces anunciado y acolitado por los grandes medios de televisión, prensa y radio de este país, el mismo que tantas veces se ha hundido en el congreso y el mismo propuesto por la misma representante a la cámara y abogada, realmente deja la boca amarga.
 
Preocupa y esto es lo más grave, que los colombianos decimos amar mucho la Patria, la democracia, la paz, la justicia, pero negamos la validez y la vigencia del ordenamiento jurídico, desde la creencia de que el DERECHO y la LEY, son y deben ser, la exacta medida de “mis DERECHOS” y que esos “mis derechos”, están garantizados, protegidos y realizados, cuando satisfacen plenamente, lo personal e individualmente querido y deseado, cuando esos “mis derechos” tienen la talla y el peso exacto de “mis gustos”. Así, desde el “derecho y la ley al gusto”, se yergue el no derecho, se legitima y legaliza el no reconocimiento del “otro” y por vía legislativa, se deroga el conocimiento adquirido por la humanidad, a través de su historia, específicamente respecto de los llamados tipos penales, desde la sistémica dogmática jurídico penal, que harta sangre, dolor y horror le ha costado a la humanidad.
 
Claro ejemplo y contundente, desde el “derecho y la ley a gusto”, son las agresiones que debemos soportar los ciudadanos, por parte de: bancos, eps, supermercados, desde la famosa respuesta de “es política de la empresa”, en la cual cabe lo ocurrido en CARULLA, donde la fragilidad de la condición humana, es reprimida por manu propia, agrediendo a una dama que vomita dentro del almacén y a su acompañante que por ella justamente reclama.
 
Si uno MIRA bien las cosas, el proyecto de ley de “cárcel para los borrachos”, era como la punta del ovillo, para que ante la incidentalidad vial, que seguirá siendo siempre creciente y constante en la producción de resultados de lesiones y muerte, mañana, desde la televisión y los grandes medios, apareciera el legislador preguntando: -¿Qué queréis?, sin que la respuesta, obvia, se hiciera esperar: -cadena perpetua, o muerte, o destierro-.
 
Ese era un proyecto de ley penal, que recogía, sed de venganza, de vindicta, negaciones del derecho penal, pero aupada y con eco de los grandes medios, por una legisladora, francamente irresponsable, en la que es evidente su desconocimiento de lo que es el derecho penal, la función del tipo penal y de la pena y sobre todo, el desconocimiento de que los tipos penales, son como el compendio de lo que han sido las luchas, el dolor y el  horror de la humanidad, por la VIDA, la LIBERTAD y la DIGNIDAD HUMANA.
 
Grave desconocimiento de la legisladora, de la Constitución Nacional de Colombia, que hace de la DIGNIDAD HUMANA, el principio fundante y que en materia penal, introduce los principios de mínima intervención, en la afectación de derechos fundamentales, racionalidad y razonabilidad, proporcionalidad, etc., y que el Código Penal y el de Procedimiento Penal, hacen objetivos, bajo las reglas que enseñan que: la libertad es la regla general y que la privación de la libertad, es la excepción, que a la responsabilidad, no basta la causalidad fáctica.
 
Grave desconocimiento de la legisladora, cuando motu proprio, subjetivamente, califica de “peligrosos para la comunidad”, a personas, que como conductores bajo los efectos de la ingesta de licor o de otras sustancias, se ven involucrados en incidentes viales, con resultados de lesiones y muerte, para quienes, desde el mismo instante en que ocurren, tan lamentables y desgraciados hechos, confinan a la cárcel, bajo privación efectiva de la libertad, intramural y a la cual, no pocos jueces de control de garantías, reducen indiscriminadamente a no pocos ciudadanos, bajo la premisa de haber sido “capturados en flagrancia”, cosa muy discutible en los delitos imprudentes, ocurridos en el tráfico terrestre automotor y por lo general, con fundamento en una “prueba”, que no prueba nada, respecto de la responsabilidad penal, como es el plano in situ del hecho o incidente vial, y fundamentalmente, con base en la halitosis alcohólica, a la cual es suficiente un agente de policía, con buen olfato, para quedar: capturado en flagrancia y reducido a prisión, intramural y no excarcelable.
 
Que los conductores borrachos son una plaga, claro; que desbordan los límites social y legalmente tolerados para el ejercicio de la actividad riesgosa, de conducir vehículos automotores, es claro; que se ponen en situación,  no solo de autopuesta en peligro y de acciones a propio riesgo, sino además a otros actores del tráfico, eso es claro; pero de allí a señalarlos como “criminales”, tipos “peligrosos” para la sociedad, hay una enorme brecha. Jamás he visto a la parlamentaria de marras en RCN TV, ofreciendo proyectos de ley y pidiendo cárcel, para los verdaderos criminales que carga este país: corrupción, delincuentes de cuello blanco, tráfico de influencias, puertas giratorias, “paseos de la muerte” por clínicas y hospitales, celebración indebida de contratos, “carruseles de contratación”.
 
No es lo mismo producir una lesión o muerte, en y con ocasión de ser actor en el tráfico, que causarlas con dolo de lesionar o con dolo de matar.
 
Piénsese nada más en un incidente vial, que involucre a un conductor con alcoholemia, pero que transita con prelación de paso, por la luz verde del semáforo y otro conductor, que sin alcoholemia, cruza, sin acatar la luz roja del semáforo, que hay en su vía y antes del cruce y colisiona con el otro auto y fallece.
 
Lo que no vislumbra el pueblo colombiano, en los “momentos de efervescencia y calor”, es que el legislador no puede pretender crear tipos penales, desconectados de la historia de la humanidad, especialmente de la del derecho penal, de su sistematicidad garantizadora y sólo atizados por el fuego de las pasiones y las emociones y los intereses electorales, pues que “la libertad de configuración del legislador”, no abre el paso a su subjetividad, a su arbitrariedad y a su capricho.
 
Las lesiones y muerte producidas en hechos o incidentes viales, han sido tipificadas por el legislador colombiano, como DELITOS CULPOSOS, con una pena que está agravada, cuando hay consumo de alcohol, por lo que no hay lugar, ni mucho menos a hablar de delitos con dolo eventual y mucho menos que pueda el fiscal o el juez, imputar y condenar por dolo eventual, salvo que se arroguen función legislativa.
 
Pienso, que, en el congreso debería cursar un proyecto de ley, de “cárcel pa´los legisladores borrachos”, pues a la postre con proyectos de ley, como el “peluquiao”, resulta más mala la cura que la enfermedad, pues la ignorancia, el desconocimiento del legislador, le producen “borracheras” mucho más peligrosas para la vida, la libertad, la dignidad humana y la comunidad, que las producidas por la ingesta de bebidas embriagantes.
 
Es hora de empezar por donde es: el consumo de alcohol, es un problema de salud pública y la lucha contra las lesiones y muerte en las vías, por conductores borrachos, no se va a ganar, mientras sea el Estado el que estimule oficialmente el consumo de alcohol y su mezcla con la gasolina, como se aprecia en esta imagen de la FLA, en la pasada, feria de las flores en Medellín y menos cuando el reconocimiento y premio de la comunidad, para sus HÉROES, sea una cerveza.

 

 
Tuiter: @abogadohurtado

domingo, 1 de diciembre de 2013


¡Orgasmo polvorero, en la “innovadora”!

Por: Nelson Hurtado O.

 

No afirmo, que la llamada “alborada de Medellín”, sea la expresión más refinada de la cultura mafiosa, (que sería una subcultura), ni cosa exclusiva de “traquetos”, porque con estos mismos ojos, pude ver, cómo amigos y vecinos, profesionales en distintas áreas del saber, también quemaban voladores y elevaban globos. A decir verdad, a mí el asunto no me molesta, como para volverme histérico y malhumorarme y enojarme; podría decir, como dicen las damas, que: “eso a mí, me resbala”.
 
Curiosamente me paseaba por las redes sociales, cuando me compartieron un hermoso video, que vale la pena disfrutar en el siguiente enlace: http://is.gd/9Cn14K y justamente en esos momentos, empiezo también a sentir, allá, afuera, en el “otro cuarto”, como de un hotel barato, en pueblo lejano, separado apenas por unas leves hojas de triplex, unos como escarceos, arrítmicos y de respiración alcanzada, con maullidos y rugir, como de felinos en celo.
 
Presto atención y entonces me doy cuenta primeramente, que ese rito no es allá, no es afuera, no es en el “otro cuarto”, sino que es aquí y ahora, en mi propia casa, en mi propio hogar, en mi propia puerta y en mis propias ventanas y con mi propia familia y con nuestros propios sueños, todo ello, aquí y ahora, no allá, no afuera, no en “otro cuarto”.
 
¡Clarísimo! Es que es aquí y ahora y en mi casa grande, en la que vivo, sueño, trabajo y lucho, en mi casa grande, donde vivo y habito, no allá, no afuera, no en el “otro cuarto”, donde he sentido esos escarceos arrítmicos y de respiración alcanzada, con maullidos y rugir, como de felinos en celo, estrujando sus almas, como fieles parejas, de amantes furtivos, que desbordan tormentosos los ríos subterráneos que corren por sus venas, como un macho que escala los cerros volcánicos de “su” hembra, en busca de los mejores vinos o de las límpidas aguas, con las que ha de apagar la sed, que brota de las arideces de sus desiertos y posa sus besos, en los femeninos montículos, volcánicos, cual conquistador que planta sus banderas, en tierra rendida. Macho en celo, que no detiene su conquista y baja de los cerros tutelares, de la hembra núbil y desciende por sus valles, con sus escarceos de fuego y trueno.
 
¡Por un instante, quizás pensé, que había llegado puta nueva al pueblo!
 
Y no era para pensar nada menos, juro que a través del triplex que separa el “otro cuarto”, yo la presentí, fémina, sutil, fruta fresca, jugosa, vestida de verde, con sus ánforas llenas de buen vino y con sus valles cruzados por límpidas aguas y sembrados de trigo, en los que se quedaba a habitar, para madurarla, el sol de  sus veranos. Sí, ella era nueva en el pueblo y dicen que nunca reveló su verdadera identidad; se pudo saber que, sin dejarse conocer y sí apenas distinguir, (en lo que hacía consistir su recato), se hacía llamar, “la innovadora”.
 
Y es que aquí y ahora, ahí, en el “otro cuarto”, el rito, con su arritmia, iba in crescendo, incontenible y sentía, como si macho y hembra, con rugir entrecortados, imploraran al cielo, tornar el instante, en adimensional infinito.
 
Pero, como suelen decir algunas damas en sus declaraciones judiciales, me “ocurrió lo que tenía que ocurrir” y en un intento de suicidio, desde el piso sexto de mi biblioteca, una pareja de libros, con sus autores en los lomos, se arrojaron al vacío. Por fortuna, en una acción intrépida, temeraria, interrumpí sus fatales designios. Ilesos, con apenas unas leves contusiones y unos morsillescos hematomas envigadeños, así quedaron “La sociedad de la ignorancia” y “La civilización del espectáculo” y sobra decir que también resultaron ilesos sus autores: G. Mayos y M. Vargas Llosa. ¡Qué descanso, aunque hayan como abortado mi sueño!
 
¿Casualidad, coincidencia, serendipia? ¿Un cisne negro?
 
Vaya a saber uno. Lo que sí sé, es que ese intento de suicidio libresco, fue una tocada de timbre, por huidizo párvulo y no precisamente en timbre de residencia ajena.
 
Si bien no comparto eso de decir que la tal “alborada de Medellín”, es expresión de una “cultura mafiosa” y si bien es cierto que tanto traque-traque, no me incomoda, ni me espanta el sueño, es mucho más cierto, que a pesar de eso, no soy reflectante, ni un repelente, como para que no se arrime ningún mosquito. ¡Que pólvora “oficial” y por montones también se quemó en la ciudad, en la celebración del bicentenario de la independencia nacional!
 
Y claro, se me han arrimado esta noche-amanecer, mosquitos y bichos de todas las especies, unos, como homicidios, de machos y hembras, que de damas, albergo la esperanza que no todos sean, solo eso, el término de moda: feminicidios; lesiones y muertes en hechos o incidentes viales, en hurtos callejeros por un celular o por el bolso que una dama lleva en el carro o por fleteo o paseo millonario, en tanto al final, todos terminan sepultados en hueca y fría estadística, que se mantiene, como en los almacenes, en permanente “Off sale” o porque 2 sujetos en moto, tocan el vidrio del carro y lo abres o lo rompen y te “cuelgan” y en pleno movimiento o en la detención en el semáforo y sin que les pase nada, porque las autoridades de policía en la esquina, ya dizque presumen que: “dos en moto llevan registro civil que acredita que son parientes” o porque a pesar de las cámaras de fotodetección, ocurren hechos o incidentes viales debajo de ellas y no quedan registros fílmicos que puedan servir a la administración de justicia; bichos que nos hablan de “espacio público” y vemos como es devorado, por la sentencia de un juez y un bulldozer. Bichos que hablan de la propiedad privada, con función social y ecológica, pero devorada no por la regla, sino por la excepción de la expropiación administrativa o sea, “los pájaros tirándole a las escopetas”. Bichos, que desde la planeación urbana, aparecen en tuiter, diciendo que el POT es una construcción ciudadana colectiva, para hacer que “la innovadora” se adapte a sus “cambios territoriales” y que uno sepa, la CIJ, no le ha entregado parte de su territorio a Nicaragua, como tampoco uno entiende, que el macho en su rito, sea par, de la hembra, en sus escarceos.
 
Tampoco uno entiende, como A. Oppenheimer, diga que “La innovadora”, ha insertado la cultura, como gran fuente de crecimiento económico, desde la industria de los “video juegos” y que Juanes y Shakira, sean CULTURALMENTE tan virtuosos y valiosos como MOZART, STRAUSS y que por tanto la “Industria Naranja”, sea la panacea a nuestras pandemias de todo orden y que en la misma línea se ubique el candidato presidencial de “Chambacú” y que todo eso venga además, por retuit, de aspirantes a efímeros amantes de “La innovadora”. Bichos, como creer que la cobertura de internet en sectores de ingresos bajos y marginales, sea inclusión y derrota de la pobreza, cuando no hay empleo estable y con calidad o que la educación se cualifica con el reparto de tabletas; recuerdo que hacia 1965, igual fiebre nos cobijó con la TV para EDUCAR y en cada escuela “afortunada” a la que se le dotó de televisor, se le hizo el AULA MÁXIMA, el salón de CLAUSURA, al venenoso aparatejo, usurpador, intruso que devaluó el poder del verbo, de la palabra, para que no te escuchen y poder entrar como ladrón bajo las sombras de la noche, por las retinas y tomar posesión de nuestros aposentos en cerebro y alma. Bichos, dañinos, como que es meritorio talar árboles, cubrir  quebradas con asfalto y cemento, para construir y ampliar vías, para los carros y que eso VALORIZA la propiedad y trae MÁS CALIDAD DE VIDA. Bichos, como creer que la MOVILIDAD de “La innovadora”, con la que dejó jadeante a su macho felino, es para que tenga más ritos, de instantes, que se conviertan en infinitos. Bichos, como los estudios de técnicos y expertos, que a pesar de las evidencias, “te demuestran”, que la naturaleza es una “bodega de recursos” inagotable, que se puede intervenir y alterar y que con sus fórmulas mágicas, ella se deja “mitigar” en sus impactos medioambientales, como si ella aceptara concusión y cohecho o estuviera acostumbrada a la celebración indebida de contratos, con sus verdugos.
 
Esta noche-amanecer, finalmente comprendí, que mis dos libros, no habían intentado suicidarse; sencillamente, las dos (2) “LA”, “LA sociedad de la ignorancia” y “LA sociedad del espectáculo”, febriles, telúricas, saltaron al  vacío, ahítas de placer, al lograr su sueño, de internacionalizar también su orgasmo polvorero, en “La innovadora”. Nada más podía ocurrir, en una sociedad que privilegia el dato, la información, la anomía, el aislamiento, la soledad, por sobre el saber, el conocimiento, integral e integrador. Ya  brindará,  la “Industria Naranja”, su juguito.
 
En contexto, era previsible que frente al hecho social, las autoridades del Estado, muy poco podían hacer y piensa uno, que este hecho y otros, son complejos, ofrecen diversas lecturas y que quizás valdría la pena repensar el modelo educativo, desde la ecuación liberadora de formación(Hogar) – instrucción (Escuela, colegio, Universidad) para el SER, el HACER y el TENER y no para el HACER, el TENER y el ser, soporte de la sociedad consumista, farandulesca y frívola, en una economía de mercado, que cada día atrapa, más y más en sus redes, singularmente a todos los que ha situado en la llamada “base de la pirámide social”.
 
Ahora, quietos todos…no se muevan, que esto es...un llamado a la reflexión, a la coexistencia, a desprendernos de lo inútil y apropiarnos de lo verdaderamente útil del Ipad, del Iphone, de la Tablet y apropiarnos, esencialmente, pero desde el alma, de los hijos, de papá y mamá, de nuestra casa, de nuestro hogar, de nuestra ciudad, de la Patria y si desde el alma y libremente, cada quien, quiere hacerlo, de Dios.


Deseo a todos mis prójimos y conciudadanos, ¡FELÍZ NAVIDAD!

Tuiter: @abogadohurtado